La Cucaracha

Vocero digital del Ejército de Pancho Villa

Se acercan próximas elecciones generales. No sabemos si se adelantarán o sí podrían retrasarse. Y por primera vez, como votante, puedo verme que con una disyuntiva en la que no me había encontrado hasta ahora.

En la actualidad resido en una de esas provincias escasamente pobladas, donde 3 diputados se reparten la representación en el Congreso de los Diputados. Normalmente caen, con seguridad, uno para el PP y otro para el PSOE.  El tercero  ha ido para uno u otro según la coyuntura política. Merced a una ley electoral injusta, el voto que no vaya para ninguno de los dos partidos, hasta ahora mayoritarios, se pierde en el limbo a efectos de representación.

Pero este 2015 puede ser distinto. Pues existir una fuerza alternativa que puede conseguir ese tercer escaño.

Aquí y en otras provincias. Y sumar y sumar hasta el punto de ser una alternativa de gobierno. Una alternativa que, a fuerza de sumar, multiplica. Una candidatura de confluencia, de unidad popular, la que ya plantea enorme ilusiones en grandes ciudades ganadas en este castigado país. Podría votar a esta fuerza en mi provincia, que seguramente en Madrid esté encabezada por alguien que ha sabido comprender el potencial de una fuerza de unidad popular, seguramente un tal Pablo o quien la gente decida. Sería mi candidato. Desearía votar a quien encabece esta fuerza de unidad popular, construida desde abajo, decidida desde las provincias. Y que, con fuerza suficiente en el parlamento, plantaría cara a las fuerzas neoliberales, que no tendrían tan fácil imponer sus políticas. O, mejor aún, lograría gobernar, y plantar cara a las instituciones europeas. Un gobierno que se enfrentaría a las políticas de la Troika, al que desearíamos, por vez primera, salir a a apoyar en la calle. En la Plaza Biscós de Jaca, en la Plaza Navarra de Huesca, o en la Puerta del Sol de Madrid.

Pero también podría encontrarme con que no se haya comprendido ese potencial para construir una alternativa en común. Que hubiera fuerzas políticas que la hayan despreciado y hayan antepuesto sus intereses particulares o partidistas. Y aunque la principal de esas fuerzas, la que encabezaría el tal Pablo, tuviera posibilidades de tener representación y un programa de cambio, no podría votar a quien no ha contribuido ese proyecto ilusionante. Votaría entonces a una candidatura de no tan confluencia donde esa fuerza política prometedora no se ha sumado. Y si no optaría por votar a la fuerza en la que milito sabiendo que en esta, desde la cabeza, el candidato y compañero Alberto, hasta el último militante, hemos intentado construir esa fuerza popular con generosidad y prescindiendo de siglas e intereses. Aunque no obtenga representación en la provincia. Aunque solo sirva para ese porcentaje que te da más posibilidades de hacerte oír en el Congreso. Porque no puedo votar contra mis convicciones. Porque no puedo votar en contra de mí mismo.

Sergio Benítez Moriana
Militante de IU Jacetania